Como me siento

Anónima

Escribano
Ya cuando me cuenta que está de puta madre con su novia, se me hace tolerable ¿Es eso realmente un avance? ¿Por qué no me es indiferente? No duele en el momento, pero en cuanto me quedo sola me invade la soledad, la tristeza y el vacío. Sólo me hace pensar en todo lo que hace por ella y nunca hizo por mí, recordándome que yo nunca voy a estar a la altura ni merecer su atención. Sólo me hace pensar en qué es lo que se merece él de mí. Eso me genera conflicto y, si antes no sabía que darle, ahora sé menos. Le doy cordialidad, le doy reciprocidad, hasta puedo confiarle cosas sobe mí que no contaría a otros… Pero no puedo mirarle sin amor, no puedo abrazarlo sin querer que se quede, no puedo preguntarle por su vida sabiendo que es feliz sin mí. Por eso no hago nada, no doy nada, porque sé que él no lo va a poder recibir. Eso sí, intento que sepa lo más posible de mi vida, para hacerle saber que yo también soy feliz sin él, que mi mundo merece la pena, como si eso le fuese a convencer de algo o hacerle cambiar de opinión. Y es verdad, lo soy, pero siempre voy a sentir que me falta algo que tuve y perdí, que tengo pero que ahora quiero perder. Como si el amor estuviese en la razón, en hacer cambiar de opinión. Ridículo. Así me siento, ridícula. Él me hace sentir ridícula.
 
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Al principio era una herida lacerante, una punción interior que me cortaba la respiración. ¿Como era posible dejar de amar en tan solo 24 horas? ¿En serio? Parecía un mal chiste, una pesadilla que desaparece cuando despiertas bruscamente, tratando de darle oxigeno a los pulmones y secando las lágrimas con el dorso de la mano. Pero si me pellizcaba sentía el dolor, lo cual confirmaba una realidad.
Ocho años de amor tirados por la taza del inodoro, planes de futuro, vidas compartidas, besos y caricias que me abrían el alma. ¿Cuanto tiempo llevaba ella sin sentir amor por mí? La estocada final fue cuando tuve que escuchar que permanecería el cariño, siempre estaría a mi lado y no perdería su amistad, pero que tenía que irse ya, porque debía meterse bajo las sabanas con el supuesto amor de su vida. Quizás para ella ser el amor de su vida significa tener un parásito alojado en el corazón de una persona y cuando ha logrado poseerlo, se lo arranca de cuajo y lo deposita en el órgano latente de otro huésped.
Pero los días dieron paso a las semanas, el dolor y la dependencia de la otra persona es como el síndrome de abstinencia de cualquier tipo de droga o tóxico químico. No me dio por beber, si es lo que os estáis preguntando, tampoco por quitarme la vida. Solo acudí al manual del desamor para agenciarme el llanto y la falta de apetito, ser asocial y vagar por la casa como un ánima.
Tras superar el segundo mes, tuve la valentía de mirarme al espejo; Ojeras, la cara demacrada y había perdido algo de peso. Fue cuando me dí una buena ducha, un afeitado y me vestí con ropa de calle. El cesto de la ropa sucia estaba lleno de camisetas de andar por casa y pantalones de chándal. ¿Que me hizo despertar? ¡Una llamada! La llamada que viene a decir lo mismo que el mensaje de (Anónima Escribano)
Te dice lo feliz que es al mismo tiempo que te acaricia tras el cuello con palabras dulces. Lo que viene siendo en el refranero español; "Una de cal y una de arena" Cuando la escuché durante casi cuarenta minutos hablar de lo maravilloso que era ese tal Rafa, que debería de conocerle porque nos llevaríamos bien y bla bla bla.. Corté la llamada a mitad de su frase, bloquee su número y después lo eliminé de la lista de contactos de mi teléfono, por si era poco comprobé que no apareciera en la SIM. Me llame gilipollas una millar de veces y con un rotulador fijador Edding rojo fuerte escribí en el marco superior del espejo del baño ¡Que te den!.
Lo siguiente fue actuar como CSI, pero en lugar de buscar huellas y pruebas, las borraba y destruía. Los CDs de su música preferida, las fotos donde sonreíamos posando en sitios maravillosos, algunos regalos de ella, ¡no todos, ehh! el Ipad y la bicicleta no iba a tirarlos, se debe ser algo egoísta y aprovechar lo aprovechable.
Al cabo de un tiempo, tras desinfectado el piso de los recuerdos y la añoranzas, el teléfono comenzó a sonar con un número en pantalla, descolgué sin pararme a pensar y tras escuchar su voz al otro lado preguntándome si me encontraba bien, la respondí; A partir de ahora ten en cuenta que eres un número desconocido y en la siguiente llamada recibirás por respuesta que te has equivocado. Abrí la puerta para salir a la calle y mientras esperaba que el ascensor llegara al cuarto piso, que es donde yo vivía, una sonrisa se expandió en mi cara. Lo siguiente fue una carcajada mirándome en el espejo del interior del ascensor.
 

Wabi

Escribano
Existen palabras de bienvenida, aquellas que marcan el inicio de algo importante. Pero no hay ying sin yang, existen las palabras de final.
Él dijo: hace mucho tiempo no te amo, no te elijo como mujer, me quiero separar.
Pensé que solo estaba confundido, atolondrado. Pero no. Insistió, entonces entendí que ya no había nada que esperar. Armé mi valija con algo de ropa, mi laptop, llamé un taxi y me fuí.
Me esperaba mi mejor amiga, me esperaba ella con sus brazos abiertos y pañuelos para que lloremos juntas.
Yo venía de una cirugía dos días atrás, así que estuve en reposo a su cuidado unos días. Tres días después le pedí el alta a mi médico y volví a trabajar.
Un mes después conseguí un departamento, y me fuí a vivir sola. Llegué con una valija y un colchón prestado.
En esos días llegó su llamado, quería saber como estaba y quería verme. Fuí a verlo con mucha ilusión, esa ilusión me duró los primeros 20 minutos de charla, minuto seguido me pidió el divorcio. Sonreí, respiré profundo y le dije que me parecía lo más atinado. Mientras comenzaron a acelerarse mis pulsaciones, y empecé a respirar más rápido que de costumbre al estar sentada. Así como cuando se cierra un negocio, le pedí que me avise cuando tenga que firmar, le di la mano y me fuí de ese café.
Dos cuadras después me permití llorar, y temblar. Esa tarde fuí un ánima en la oficina. No tomé desiciones, solamente ocupé el tiempo ahí.
Desde el día que firmé, me dedique a engañar mis dias. A trabajar desde muy temprano y volver a casa muy tarde. Ya nadie me espera en casa, es igual si sigo en el trabajo o si vuelvo temprano. No tengo razones para volver, no tengo a donde volver. No hay brazos que me esperen en casa, no hay con quien ver series, no tengo a quien prepararle su comida preferida, ya no tengo por quien vivir.
He dedicado mi vida entera a vivir por otros, me toca enfrentarme a mi misma y aprender a vivir por mi. Creo que soy el peor de mis verdugos, necesito de mi? necesito de alguien mas? como aprendo a vivir en este mundo? cuando mi mundo era... Es así

Mi mundo era, hoy debo descubir el mundo que es y el mundo que soy.
 

Paleta de carne

Escribano
Mis tres roommates sabían lo que intentaba hacer y no me detuvieron, tampoco intentaron hacerme sentir mejor. Sabían que el veneno dentro mío haría que me terminara la botella entera de vodka aquel día. Fue un día cualquiera de la semana, ni siquiera ahora logro recordarlo.
Ella y yo teníamos meses sin dirigirnos una palabra; cosa bastante extraña, pues ella me llenaba de mensajes cuando tenía miedo y encontraba soledad en la cama de alguien más, mientras que yo aprovechaba a cada que podía abusar de las drogas para llamarle e intentar aclararle algo que ni siquiera en mi cabeza estaba claro. Meses antes, cuando hablábamos por teléfono, si cerraba los ojos e ignoraba lo suficiente todo lo demás, sentía que aún éramos pareja; que ella estaba a unas horas de regresar a casa, luego prepararíamos juntos la cena, podría verla tomarse una copa de vino con su pose tan sensual y yo, esperando la situación perfecta para hacerla reír.
De eso habían pasado años, pero nunca me permití sufrir por ella, inclusive cuando todo mundo me lo pedía, yo me esforzaba para demostrar lo bien que me encontraba y que era completamente sano esperarle, tal como si nos hubiésemos dado un tiempo, así, como tantas veces lo hizo sin preguntarme. Trabajaba como loco y tenía dinero ahorrado para cualquier cosa que ella necesitase, hasta una maleta con mis cosas para el día en el que me pidiera escaparnos de todo.
Lo nuestro para ella era tan cotidiano como el pan de caja, para mi fue algo enfermizo, algo que había deformado mis ideas, mi estilo de vida, pero nunca había cantado a todo pulmón cientos de canciones que guardé para los días que tuviera la necesidad de torturarme. Siempre había tomado bastante, pero aquel día lo hice a propósito, de manera violenta, nunca antes había tratado así a la bebida. Mi garganta me ardía tanto, pero la cantidad de alcohol y humo de tabaco que ingería no bajó durante un par de horas.
Lloré mientras cantaba... lloré mientras sentí que los recuerdos con ella, con 'mi chaparra', se desvanecían. Olvidé el día que me dijo: “...sigue escribiendo así, mi pequeño Bukowski”; olvidé como fue el sexo en el baño en aquel café carísimo donde la llevé; se desprendió de mi mente el olor a labial, cigarrillo y cerveza rancia el día que fui a sacarla del motel donde estaba apunto de ser abusada; se fue la sensación de opresión e impotencia que sentí en el pecho al encontrarme con ella en el bar, acompañada de su ex-novio que al final nunca olvidó; sentí mi cuello relajado y suave, como si nunca hubiese sentido el efecto de la cocaína en mi sistema, esa que siempre me dio valor para llamarle a altas horas de la noche y herir a quien yo le importara lo suficiente. Todo se fue, entonces me sentí muy ebrio, y, aunque no lo recuerdo, estoy seguro que después de eso me puse a bailar y a festejar.
Desperté en otro día sin lugar, nombre ni hora, con un cielo azulado, no era el amanecer ni el anochecer pero lo parecía. Entonces fui a por su carta, que era pues, el único recuerdo que tenia de ella donde me amó con todo su ser, de una manera tan parecida a como yo lo hice todo ese tiempo, la leí una vez más, toqué sus arrugas y vi lo vieja que era, luego la destrocé en pedazos pequeños, tan pequeños, que cada simple letra se desintegró. La tiré junto con la botella vacía de vodka, entonces sonreí y me quedé despierto, sin música, sin ella, con la idea de que ya estaba muerto al notar tan sublime clima y cielo.
 
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Muy divertidos, los cuatro chicos nuevos y yo nos reímos ante la enorme coincidencia de que… ¡Todos éramos rocanroleros!
En nuestras venas, corría como un torrente la voz inigualable de Elvis Presley, los coros del Cuarteto de Liverpool, Los Beatles, las vibraciones de las guitarras eléctricas de Los Rolling Stones, sin olvidar el ritmo acompasado de Bill Haley y sus Cometas.
De una manera extraordinaria, los cinco estábamos totalmente identificados con el Rhythm and Blues, musicalmente hablando.
Nuestros corazones latían aceleradamente ante este explosivo ritmo, y con el frenético compás del Rock and Roll... Anhelábamos gozar y rocanrolear con el grupo musical que habíamos formado.
Nunca nos imaginamos que en los tres años que estuvimos en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), que íbamos a tener aventuras, dramas, romances con varias muchachas del salón, y que pudiéramos formar una hermandad inseparable de grandes amigos.
Entre clases, tareas, experimentos de biología, exámenes y de prácticas escolares empezamos a destacar como buenos estudiantes, pero principalmente nos fuimos forjando poco a poco como grupo de Rock and Roll. ¡Nosotros éramos Los Panteras Negras!
Carlos y yo Alfonso, tocábamos las guitarras. Renato hacía lo suyo con el bajo, Roberto era muy diestro con el teclado y Ramón daba lo mejor de sí en la batería.
Al principio, solamente rocanroleábamos para nosotros y para el salón de clases, pero con el tiempo, llegamos a escalar enormes alturas musicales que nunca nos hubiéramos imaginado.
Competimos alegremente para conquistar a las mejores chicas y obtener las calificaciones más altas. Así como vivimos momentos muy divertidos, también experimentamos situaciones dramáticas.
Disfrutamos de excelentes profesores y también sufrimos a un tipo que fue despreciable. Reímos con los más grandes momentos y lloramos con las situaciones más tristes e inesperadas.
Podemos decir que, nuestra etapa estudiantil en el CCH fue la más maravillosa y que jamás hemos vuelto a experimentar algo que sea parecido en toda nuestra existencia. ¡Fue una etapa inolvidable!
Yo nunca me imaginé que aquel primer día de clases, fuera el inicio de una muy intensa y emocionante aventura fraterna, escolar y musical, que sacudió completamente nuestras vidas.
Recuerdo que aquel día Renato, Carlos, Roberto, Ramón y yo, reímos cuando nos conocimos al cantar la melodía de Heartbreak Hotel (Hotel de los Corazones Rotos) de Elvis Presley:
Well, since my baby left me. Well, I found a new place to dwell. Well, it's down at the end of Lonely Street. At Heartbreak Hotel. Where I'll be--where I get so lonely, baby. Well, I'm so lonely. I get so lonely, I could die.
Desde que tu me olvidaste, un nuevo lugar encontré, que queda al final de una calle donde sólo lloraré.
Es un sitio muy solo, sí, muy solo, donde muy triste moriré…
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